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ISSN: 3073-1119
190
Artículo de revisión
Entre derechos y disciplina: El debate sobre la autoridad y la
protección estudiantil
Between rights and discipline: The debate on authority and student protection
Fredy Roberto Hidalgo Cajo*
Universidad Nacional de Chimborazo
Riobamba - Ecuador
fhidalgo@unach.edu.ec
https://orcid.org/0000-0001-6873-7250
Anahí Carolina Muñoz León
Universidad Nacional de Chimborazo
Riobamba - Ecuador
anahi.munoz@unach.edu.ec
https://orcid.org/0009-0000-6712-2836
John Steven Moya Navarrete
Universidad Nacional de Chimborazo
Riobamba - Ecuador
john.moya@unach.edu.ec
https://orcid.org/0009-0006-0603-4537
Ammy Mishell Moyano Villavicencio
Universidad Nacional de Chimborazo
Riobamba - Ecuador
ammy.moyano@unach.edu.ec
https://orcid.org/0009-0000-6809-3096
*Correspondencia:
fhidalgo@unach.edu.ec
Cómo citar este artículo:
Hidalgo, F., Muñoz, A., Moya, J., & Moyano,
A. (2026). Entre derechos y disciplina: El
debate sobre la autoridad y la protección
estudiantil. Revista de Investigación Educativa
Niveles, 3(1), 190-202.
https://doi.org/10.61347/rien.v3i1.98
Recibido: 4 de mayo de 2026
Proceso de evaluación:
6 de mayo al 8 de junio de 2026
Aceptado: 9 de junio de 2026
Publicado: 18 de junio de 2026
Resumen: El debate en torno a la disciplina en las instituciones educativas se centra en
cómo equilibrar la autoridad docente, las normas institucionales y los derechos de los
estudiantes, garantizando un entorno de aprendizaje seguro, inclusivo y respetuoso. La
convivencia escolar constituye un elemento fundamental para promover la socialización,
el aprendizaje significativo y el desarrollo de valores como la responsabilidad, el respeto
y la cooperación. El objetivo del estudio fue analizar los mecanismos de disciplina escolar
en el contexto educativo ecuatoriano, evaluando la interacción entre la autoridad
docente, los reglamentos institucionales, los derechos estudiantiles y la participación
familiar, evidenciando la coherencia entre el propósito investigativo, el diso
metodológico y los resultados obtenidos. Para ello, se empleó una metodología
cualitativa basada en la revisión documental de normas legales como la Ley Orgánica de
Educación Intercultural (LOEI) y el Código de la Niñez y Adolescencia, así como
literatura científica sobre pedagogía, indisciplina y autoridad docente. Los principales
resultados evidencian que, aunque el castigo físico ha sido ampliamente prohibido,
persisten vacíos normativos en torno al castigo psicológico y las prácticas de humillación,
lo que dificulta la convivencia escolar y la protección integral de los estudiantes. Se
identificó que la disciplina positiva, el liderazgo legítimo del docente y el apoyo familiar
constituyen estrategias clave para fortalecer la autoridad racional, p
romover el
aprendizaje y garantizar los derechos estudiantiles, concluyéndose que la disciplina
escolar debe fundamentarse en el respeto, la guía pedagógica y la corresponsabilidad
entre docentes, familias y estudiantes, promoviendo un entorno educativo seguro,
inclusivo y formativo donde la autoridad y los derechos se articulen para favorecer el
desarrollo integral del estudiantado
.
Palabras clave: Convivencia escolar, indisciplina, liderazgo docente, normativa
educativa, protección de derechos.
Abstract:
The debate on discipline in educational institutions focuses on how to balance teacher
authority, institutional regulations, and students’ rights, while ensuring a safe, inclusive, and
respectful learning environment. School coexistence is a fundamental element for promoting
socialization, meaningful learning, and the development of values such as responsibility, respect,
and cooperation. The objective of this study was to analyze school discipline mechanisms in the
Ecuadorian educational context, evaluatin
g the interaction between teacher authority,
institutional regulations, students’ rights, and family participation, demonstrating coherence
between the research purpose, methodological design, and obtained results. To this end, a
qualitative methodology was employed based on documentary review of legal frameworks such as
the Organic Law of Intercultural Education (LOEI) and the Code of Childhood and Adolescence,
as well as scientific literature on pedagogy, indiscipline, and teacher authority. The main findings
show that although corporal punishment has been widely prohibited, regulatory gaps persist
regarding psychological punishment and humiliating practices, which hinders school coexistence
and the comprehensive protection of students. It was identified that positive discipline, legitimate
teacher leadership, and family support constitute key strategies to strengthen rational authority,
promote learning, and guarantee students’ rights. It is concluded that school discipline should be
based on respect, pedagogical guidance, and co-responsibility among teachers, families, and
students, fostering a safe, inclusive, and formative educational environment in which authority
and rights are articulated to enhance the holistic development of students
.
Keywords: Educational regulations, indiscipline, protection of rights, school coexistence, teacher
leadership.
Copyright: Derechos de autor 2026 Fredy
Roberto Hidalgo Cajo, Anahí Carolina
Muñoz León, John Steven Moya Navarrete,
Ammy Mishell Moyano Villavicencio.
Esta obra está bajo una licencia internacional
Creative Commons Atribución-
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1. Introducción
El propósito de la educación consiste en fomentar la autonomía, la capacidad de decisión y la libertad
de los individuos, así como promover la vinculación social y el respeto a las normas de convivencia.
En este contexto, la disciplina se entiende como un fenómeno cultural universal que cumple funciones
esenciales en el desarrollo de los jóvenes: facilita la socialización y el aprendizaje de normas de
conducta, contribuye a la maduración de la personalidad, permite la internalización de reglas, brinda
seguridad emocional y regula de manera efectiva las actividades dentro del aula (Marina, 2013).
Desde un enfoque de derechos, la disciplina implica que los estudiantes cumplan voluntariamente
normas y acuerdos sociales basados en valores interiorizados, promoviendo la responsabilidad, el
respeto hacia los demás y hacia la autoridad, el cumplimiento de reglas para el bienestar colectivo y la
adopción de comportamientos prosociales mediante la interacción social y acciones formativas
(Ministerio de Educación del Perú, 2023). Este enfoque resalta que la disciplina efectiva no se limita a
la imposición de normas externas, sino que se construye mediante valores y aprendizajes
internalizados, fortaleciendo la convivencia y el desarrollo integral del estudiante.
La indisciplina escolar representa la contraparte de esta disciplina ideal. Se manifiesta cuando los
estudiantes incumplen normas, interrumpen el proceso de enseñanza y afectan el ambiente académico
y formativo. Puede abarcar faltas menores, como llegar tarde, hacer ruido o vestir de manera
inadecuada, así como faltas mayores, como acoso, consumo de sustancias o destrucción de la
propiedad. Este fenómeno multidimensional tiene su origen en factores personales, institucionales y
socioculturales, incluyendo escaso autocontrol, inestabilidad emocional, rechazo a la autoridad,
presión de grupo y deficiencias en el entorno familiar o social. La indisciplina constituye un problema
global que afecta tanto a países desarrollados como en desarrollo, asociándose con la disminución del
respeto a la autoridad, la exposición a influencias negativas y la aplicación inconsistente de normas
(Fermah & Cai, 2026).
El aumento de la disrupción y los conflictos en el aula ha generado un debate sobre la autoridad del
profesorado y su capacidad para mantener la disciplina. Este fenómeno, vinculado a la denominada
“crisis de autoridad docente”, refleja las dificultades que enfrentan los educadores tanto dentro del
aula como en la interacción con las familias de los estudiantes, siendo motivo de creciente
preocupación en el ámbito educativo (Millán-Gómez, 2016).
Todas las instituciones educativas cuentan con reglamentos y comisiones encargadas de definir las
conductas esperadas y las faltas correspondientes. Estos procedimientos disciplinarios deben
garantizar el respeto a los derechos fundamentales del estudiante, integrando las garantías
constitucionales del debido proceso y del derecho a la defensa, de modo que cualquier medida
correctiva se adopte dentro de un marco jurídico adecuado (Torres & González, 2025). Cuando un
centro educativo investiga conductas o aplica sanciones, debe ajustarse a normativas internas, locales
y nacionales, asegurando la veracidad de los hechos y la protección de los derechos de los estudiantes.
La omisión de estos procedimientos puede generar responsabilidades legales y vulneraciones de
derechos fundamentales (Vargas, 2016).
Aunque la disciplina escolar es necesaria para mantener el orden y la convivencia, con frecuencia
se aplica bajo una lógica de vigilancia y sanción. Este enfoque puede derivar en una pedagogía punitiva
que tiende a estigmatizar y criminalizar a los estudiantes, en lugar de promover el aprendizaje, el
respeto y la autorregulación (Hernández & Juárez, 2025). Los procedimientos disciplinarios educativos
deben garantizar el respeto al debido proceso conforme a la normativa constitucional vigente,
asegurando que cualquier acción correctiva se aplique con legalidad, equidad y transparencia,
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incluyendo notificación formal, derecho a réplica, acceso a pruebas y asistencia adecuada para la
defensa (Sánchez & Sislema, 2025).
Según Algora (2025), las normas escolares no deben percibirse como restricciones a la libertad, sino
como marcos que facilitan la integración, el aprendizaje y el desarrollo de valores como la
responsabilidad, el respeto y la cooperación, garantizando un entorno seguro y pedagógicamente
efectivo. Para que la disciplina sea efectiva, los docentes deben actuar como referentes legítimos,
respaldados institucionalmente, ejerciendo su autoridad con firmeza, claridad y respeto por la
individualidad de los estudiantes.
El análisis de la disciplina en las instituciones educativas desde un enfoque jurídico es relevante
porque permite evaluar cómo la autoridad docente, los reglamentos institucionales y la participación
familiar contribuyen a garantizar los derechos de los estudiantes. La creciente incidencia de la
indisciplina y los conflictos en las aulas evidencia la necesidad de comprender estos mecanismos, con
el fin de promover entornos educativos equitativos, seguros y formativos, en los que se fortalezca la
convivencia y se protejan los derechos fundamentales de todos los miembros de la comunidad
educativa.
En consecuencia, el objetivo de este estudio es examinar los mecanismos de disciplina escolar en el
contexto educativo ecuatoriano, analizando la interacción entre autoridad docente, reglamentos
institucionales, derechos estudiantiles y participación familiar, con el fin de proponer estrategias que
fortalezcan la convivencia, promuevan un aprendizaje efectivo y aseguren la protección de los
derechos de los estudiantes en las instituciones educativas.
2. Metodología
La investigación se desarrolló bajo un enfoque cualitativo basado en la revisión documental, con el
propósito de analizar de manera integral la disciplina escolar, su regulación legal y los debates
asociados a su implementación. El estudio se centró en la identificación de aspectos relevantes de la
disciplina en el ámbito educativo, así como en la interacción entre la autoridad docente, las normas
institucionales y la protección de los derechos de los estudiantes.
Para ello, se analizaron documentos legales nacionales, incluyendo la Ley Orgánica de Educación
Intercultural (LOEI), el Código de la Niñez y Adolescencia y otras normativas pertinentes que regulan
la disciplina escolar y garantizan los derechos fundamentales de los estudiantes. Este análisis permitió
examinar cómo las leyes orientan la autoridad docente y los procedimientos disciplinarios, así como
establecer los límites y obligaciones legales en el contexto educativo.
De manera complementaria, se revisaron artículos científicos, estudios académicos y literatura
especializada sobre disciplina escolar, pedagogía, autoridad docente e indisciplina. Esta revisión
permitió identificar los debates actuales en torno a la disciplina, las prácticas pedagógicas
recomendadas, los enfoques de autoridad racional y las problemáticas asociadas a la aplicación de
medidas disciplinarias.
El enfoque de revisión documental y análisis cualitativo facilitó la triangulación de la información,
permitiendo integrar perspectivas jurídicas, pedagógicas y socioculturales. Este método permitió
construir un panorama sobre la disciplina escolar, los derechos de los estudiantes y la autoridad
docente, proporcionando la base para la formulación de propuestas orientadas a mejorar la
convivencia y la regulación de la disciplina en las instituciones educativas.
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3. Resultados
La Evolución de la autoridad en el aula
A lo largo de la historia, diversas prácticas se han utilizado como herramientas para mantener la
disciplina escolar. En los primeros períodos, el aprendizaje humano se basaba en la observación y la
imitación del entorno, debido a que el conocimiento era principalmente empírico y la educación aún
no estaba institucionalizada. Los líderes de las tribus eran los encargados de transmitir conocimientos
prácticos; durante este proceso, los niños no recibían castigos sistemáticos. Esto sugiere que la
educación se orientaba al ensayo y error, sin recurrir al castigo corporal como método pedagógico
(Zuñe et al., 2021).
Posteriormente, en la sociedad europea de la Edad Moderna, el castigo físico y psicológico fue
ampliamente utilizado y considerado un instrumento didáctico para corregir errores, conductas
inapropiadas o consideradas inmorales. A partir del siglo XVIII, se consolidaron técnicas de control del
cuerpo integradas en reglamentos escolares, basadas en la vigilancia jerárquica, el examen y el castigo
disciplinario, conocidas como “disciplinas” (Sonlleva, 2019). Estas sanciones incluían bofetadas,
empujones, tirones de pelo o golpes con objetos, así como posturas forzadas o la imposición de cargas
físicas, con el objetivo de moldear la conducta infantil y reforzar la autoridad institucional (Suárez, 2004).
Históricamente, en contextos como el chino, el castigo corporal fue frecuente y estuvo respaldado
por relaciones jerárquicas y proverbios confucianos como “golpear es una señal de afecto”. Este tipo
de creencias otorgó a los docentes autoridad casi absoluta sobre el uso del castigo. En la actualidad, la
disciplina en el sistema educativo K-12 regula la autoridad docente y protege los derechos del
estudiantado, permitiendo únicamente medidas correctivas proporcionales como amonestaciones o
tareas adicionales, y prohibiendo el castigo corporal, la humillación, la discriminación y cualquier
forma de violencia física o psicológica. El objetivo es garantizar un entorno escolar seguro, ordenado
y pedagógicamente respetuoso (Bo & Onwubuya, 2022).
En el caso de Ghana, aunque el Servicio de Educación prohibió el castigo corporal en 2017, diversas
instituciones educativas continúan recurriendo a prácticas tradicionales como sanciones físicas,
suspensiones y detenciones para controlar la indisciplina. Sin embargo, estos enfoques han
demostrado limitaciones, ya que factores como la baja participación parental, la presión de pares y la
influencia de redes sociales continúan afectando el comportamiento estudiantil. Los estudios
evidencian que estas medidas no logran modificar de forma sostenible la conducta, sino que pueden
reforzar patrones de indisciplina y reincidencia (Fermah & Cai, 2026).
En América Latina, existe un debate sostenido sobre el uso del castigo corporal en el ámbito escolar.
En algunas comunidades indígenas de países como Bolivia, Colombia, Guatemala y Honduras, estas
prácticas aún se mantienen vinculadas a tradiciones culturales. En contraste, países como Costa Rica,
República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela han prohibido
legalmente el castigo físico en las escuelas, promoviendo una disciplina basada en el respeto de los
derechos humanos y la dignidad estudiantil (UNESCO, 2015).
En términos generales, los resultados evidencian que la disciplina escolar ha experimentado una
transformación histórica significativa, pasando del castigo físico como práctica normalizada a un
enfoque basado en derechos. Sin embargo, persisten vacíos normativos y dificultades en la regulación
del castigo psicológico y las prácticas de humillación, lo que limita su control efectivo. Esto evidencia
la necesidad de fortalecer las políticas educativas y los marcos normativos para garantizar entornos
escolares libres de violencia en todas sus formas.
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Contexto normativo y legal
La regulación de la disciplina escolar y los límites de la actuación docente en Ecuador se encuentran
respaldados por un marco jurídico que integra tanto la protección de los derechos de los estudiantes
como la definición de responsabilidades institucionales. Entre las normativas más relevantes destacan
la Ley Orgánica de Educación Intercultural (LOEI, 2011) y el Código de la Niñez y Adolescencia (2003),
las cuales establecen lineamientos claros sobre las conductas esperadas, los procedimientos
disciplinarios y las garantías legales aplicables.
En este sentido, dichas normativas no solo regulan la actuación de las instituciones educativas, sino
que también delimitan el ejercicio de la autoridad docente, asegurando que las medidas disciplinarias
se apliquen dentro de un marco de respeto a los derechos fundamentales. De esta manera, se garantiza
el equilibrio entre la disciplina escolar, la convivencia institucional y la protección integral de los
estudiantes. En la tabla 1 se presentan los artículos más significativos de estas normas, lo que permite
identificar los aspectos clave relacionados con la disciplina escolar, los límites de la autoridad docente
y la protección de los derechos de los estudiantes.
Tabla 1
Artículos relacionados con disciplina y límites
Documento legal Artículo Descripción
LOEI (2011)
Art. 6 Principios del
Sistema Nacional de
Educación
Establece que el derecho a la educación debe orientarse a la construcción
de una sociedad justa, promoviendo la cultura de paz, la no violencia y la
resolución pacífica de conflictos en los ámbitos escolar, familiar y social.
Se excluyen las conductas tipificadas como infracciones penales o aquellas
no transigibles conforme a la Constitución.
LOEI (2011)
Art. 13 Obligaciones
del Estado
Dispone que las instituciones educativas deben garantizar entornos
seguros, democráticos y libres de violencia, protegiendo la integridad
física, psicológica y sexual de los estudiantes. Además, establece la
obligación estatal de prevenir, intervenir y san
cionar situaciones de
maltrato, discriminación o violencia no atendidas oportunamente.
LOEI (2011)
Art. 14 Derechos de
los estudiantes
Reconoce el derecho de los estudiantes a ser tratados con justicia, dignidad
y respeto a la diversidad, sin discriminación, garantizando el ejercicio de
sus derechos fundamentales conforme a la Constitución y los instrumentos
internacionales.
LOEI (2011)
Art. 15 Obligaciones
estudiantiles
Establece que los estudiantes deben cumplir las normas institucionales y
respetar a los miembros de la comunidad educativa, señalando que las
disposiciones docentes y administrativas deben garantizar el respeto a los
derechos constitucionales y la integridad del estudiante.
LOEI (2011)
Arts. 108–109
Protección de derechos
en el ámbito educativo
Determinan la obligación de proteger los derechos de toda la comunidad
educativa, con especial énfasis en niños, niñas y adolescentes, e incluyen
medidas de prevención y atención frente a situaciones de violencia y
discriminación.
LOEI (2011)
Art. 119 Prevención de
violencia escolar
Establece la implementación de programas de prevención del acoso y la
violencia escolar, promoviendo la convivencia respetuosa, la formación
docente en resolución pacífica de conflictos, y el desarrollo de conductas
prosociales, empatía y respeto por la diversidad.
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LOEI (2011)
Arts. 208–209
Régimen disciplinario
Tipifican como infracciones graves o muy graves la promoción, facilitación
o ejecución de actos de violencia, hostigamiento o discriminación por parte
de miembros de la comunidad educativa que afecten la dignidad o
integridad de los estudiantes.
LOEI (2011)
Art. 211
Procedimiento
disciplinario
Define las faltas disciplinarias y establece los procedimientos que deben
aplicar las Juntas Distritales de Resolución de Conflictos, garantizando en
todo momento el respeto al debido proceso.
LOEI (2011)
Art. 212 Sanciones a
estudiantes
Establece sanciones como amonestación escrita, suspensión temporal o
separación definitiva. En caso de separación, se garantiza la continuidad
del proceso educativo del estudiante.
LOEI (2011)
Art. 223 Garantías del
proceso disciplinario
Garantiza el debido proceso en los procedimientos sancionatorios,
incluyendo presunción de inocencia, notificación de cargos, separación de
funciones y prohibición de sanciones sin procedimiento legal previo.
LOEI (2011)
Art. 226 Recursos
administrativos
Establece la posibilidad de impugnar decisiones sancionatorias mediante
recursos administrativos y acciones judiciales o constitucionales,
asegurando la protección de derechos.
Código de la
Niñez y
Adolescencia
(2003)
Art. 40 Medidas
disciplinarias
Establece que la disciplina escolar debe respetar los derechos y garantías
de los estudiantes, prohibiendo cualquier forma de abuso, maltrato o
humillación, y asegurando un entorno educativo seguro y respetuoso.
Código de la
Niñez y
Adolescencia
(2003)
Art. 41 Sanciones
prohibidas
Prohíbe la aplicación de castigos corporales, sanciones psicológicas que
vulneren la dignidad, medidas colectivas o discriminatorias, y garantiza el
derecho a la defensa en los procesos disciplinarios.
La relación entre docentes y estudiantes en el marco educativo ecuatoriano se fundamenta en el
respeto a los derechos, la dignidad y la igualdad de los estudiantes. La autoridad del docente no se
concibe como un poder absoluto para imponer castigos o ejercer control arbitrario, sino como una
facultad para guiar, orientar y organizar el proceso educativo, siempre dentro de los límites
establecidos por la Constitución, la Ley Orgánica de Educación Intercultural (LOEI) y el Código de la
Niñez y Adolescencia. Esto implica que cualquier acción disciplinaria debe ser justa, proporcional y
respetuosa de los derechos fundamentales de los estudiantes.
Los docentes y autoridades educativas están obligados a garantizar un entorno seguro, inclusivo y
democrático, fomentando la convivencia pacífica y evitando cualquier forma de violencia, abuso o
discriminación. Las normas vigentes prohíben expresamente los castigos corporales, las sanciones
psicológicas degradantes y cualquier medida que atente contra la integridad física, emocional o sexual
de los estudiantes. En este sentido, la autoridad docente se ejerce dentro de un marco legal que prioriza
la protección integral, la formación y el bienestar del estudiantado.
En este contexto, la autoridad se entiende como un instrumento pedagógico y ético que permite
orientar, motivar y regular el comportamiento en el aula, promoviendo el aprendizaje y la formación
integral de los estudiantes. Su ejercicio debe estar siempre orientado a la promoción de valores, la
resolución pacífica de conflictos y el fortalecimiento de la convivencia escolar, evitando medidas
coercitivas que vulneren derechos fundamentales o generen impactos negativos en el desarrollo
emocional y académico de los estudiantes.
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Conductas de debate en torno a la disciplina escolar
Uno de los temas más debatidos en el ámbito educativo es la imposición de uniformes escolares. Los
defensores de esta medida sostienen que los uniformes promueven la igualdad, refuerzan la disciplina
y fortalecen el sentido de pertenencia a la comunidad educativa. Por el contrario, sus opositores
argumentan que pueden restringir la expresión personal y limitar la libertad de los estudiantes. Esta
controversia ha generado un debate más amplio sobre la proporcionalidad de las normas internas
frente a los derechos constitucionales del estudiantado, incluyendo la libertad de identidad, la
igualdad y la no discriminación, lo que ha llevado a diversas instituciones a revisar sus reglamentos y
a adoptar criterios que equilibren la disciplina con la protección de los derechos estudiantiles (Solís,
2024).
Es fundamental diferenciar entre los derechos individuales de los estudiantes y las normas de
convivencia propias de la institución educativa. Cada estudiante posee el derecho a su imagen y
expresión personal; sin embargo, dicho derecho no puede prevalecer de manera absoluta sobre las
normas necesarias para la convivencia institucional. De forma análoga a otras actividades organizadas,
como asistir a un gimnasio, una piscina o un salón de danza con vestimenta inapropiada, las normas
escolares no constituyen restricciones arbitrarias a la libertad, sino marcos reguladores que facilitan la
convivencia, la disciplina y el aprendizaje significativo (Algora, 2025). Esta distinción resulta esencial
para comprender que la autoridad docente no constituye un privilegio personal, sino una herramienta
pedagógica legítima e indispensable para el adecuado desarrollo del proceso educativo.
La influencia de la legislación educativa en el comportamiento estudiantil también ha sido objeto
de estudio. Maldonado et al. (2023) evidencian, a partir de encuestas aplicadas a docentes, que los
constantes cambios en la normativa ecuatoriana, especialmente en la LOEI, pueden generar en el
estudiantado una percepción de protección legal que favorece actitudes de indiferencia o desafío frente
a las normas institucionales. Esta situación impacta directamente en la labor docente, generando
tensiones con los padres de familia y riesgos psicosociales para los docentes, lo que dificulta la
aplicación coherente de medidas disciplinarias y la gestión del aula.
Además de los factores normativos, la conducta estudiantil constituye un desafío permanente para
el profesorado. Sánchez (2006) señala que los docentes enfrentan malestar ante conductas como la
desmotivación, las agresiones físicas y verbales entre estudiantes y la falta de respeto hacia la
autoridad. La discrepancia entre el ideal de un estudiante participativo y cooperativo y la realidad del
aula genera sentimientos de frustración e impotencia, los cuales se ven agravados por la limitada
participación familiar y la insuficiente articulación institucional. Esta situación se intensifica cuando la
labor docente se restringe exclusivamente al cumplimiento del currículo, sin atender las necesidades
formativas integrales del estudiantado, generando un desfase entre los objetivos pedagógicos y los
resultados reales del proceso educativo.
Estrategias para la adecuada convivencia escolar
La disciplina positiva se ha consolidado como una estrategia pedagógica que trasciende el simple
control del comportamiento, promoviendo el respeto mutuo, la empatía y la autorregulación entre
docentes y estudiantes (Pascual, 2024). Su implementación fortalece el clima escolar, mejora los
vínculos afectivo-pedagógicos y aumenta la motivación intrínseca, generando un entorno propicio
para el aprendizaje significativo y el desarrollo de habilidades cognitivas y socioemocionales. Sin
embargo, para que esta estrategia sea efectiva, requiere formación docente especializada, compromiso
institucional y adaptación a las diversas realidades escolares (Alcívar et al., 2025).
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Entre los factores que inciden en la convivencia escolar, el acoso o bullying constituye un elemento
de especial relevancia. Este fenómeno puede manifestarse por razones de orientación sexual, raza,
apariencia física u otras diferencias individuales, afectando tanto a la víctima como al agresor, quien
puede reproducir conductas negativas derivadas de problemáticas personales o contextuales. Por ello,
la atención psicológica y la implementación de estrategias de intervención adecuadas resultan
esenciales para promover un clima escolar saludable y favorecer el desarrollo emocional de todos los
estudiantes (Hernández & Juárez, 2025).
Otro de los aspectos más debatidos en torno a la disciplina institucional es la regulación de la
apariencia física. Mientras el rendimiento académico se evalúa mediante criterios objetivos, los
comportamientos no vinculados directamente al aprendizaje, como la vestimenta o la imagen personal,
suelen ser regulados de manera subjetiva y aplicada de forma inconsistente. Como señala Ospina
(2020), es fundamental que los reglamentos institucionales definan con claridad el propósito de estas
normas, evitando la imposición de estándares estéticos excluyentes sin justificación pedagógica. En
este sentido, las normas sobre apariencia deben vincularse con la convivencia, el respeto y la identidad
institucional, sin afectar la libertad personal del estudiante.
Los docentes también pueden ser víctimas de violencia por parte de los estudiantes, fenómeno que
impacta directamente en su motivación y en la calidad del proceso de enseñanza, especialmente
cuando se combina con limitaciones en la formación profesional y condiciones laborales inadecuadas.
Esta situación no justifica prácticas de violencia docente, pero evidencia la necesidad de intervenciones
estructurales en la gestión educativa, la formación continua y la cultura institucional, incluyendo el
fortalecimiento de servicios de orientación y consejería escolar (UNESCO, 2015).
Fortalecer el rol del docente como referente pedagógico resulta clave para la convivencia y la
disciplina efectiva. Esto implica ejercer una autoridad basada en el conocimiento, la ética profesional
y la orientación educativa, más que en la coerción o el castigo. Para ello, es necesario garantizar
formación continua, reconocimiento social, condiciones laborales dignas y una cultura escolar que
ubique el proceso de enseñanza-aprendizaje en el centro de la práctica educativa (Grupo Educar, 2026).
Además, los docentes deben considerar el nivel de desarrollo cognitivo y socioemocional de los
estudiantes, interpretando sus comportamientos desde una perspectiva formativa. En este sentido, es
fundamental orientar sin imponer, promoviendo procesos de comprensión progresiva y
acompañamiento pedagógico. Como señalan Tahull y Montero (2013), educar implica orientar,
convencer y favorecer el desarrollo del pensamiento autónomo, donde el docente actúa como guía con
criterio profesional y capacidad de anticipación pedagógica.
Sánchez (2021) destaca la importancia de analizar las trayectorias docentes para comprender cómo
se construyen las concepciones sobre disciplina, autoridad y castigo. Este análisis permite identificar
factores que influyen en la reproducción o rechazo de prácticas punitivas, y sirve como base para la
formación docente y el diseño de políticas orientadas a eliminar el castigo físico y la humillación en el
ámbito escolar.
Para que la autoridad docente sea efectiva, esta debe fundamentarse en principios racionales, éticos
y democráticos, y no en la fuerza o el castigo. La autoridad se legitima mediante el respeto, la
coherencia y la participación estudiantil, promoviendo un aprendizaje dialógico en el que docentes y
estudiantes construyen conjuntamente el proceso educativo, equilibrando liderazgo pedagógico y
convivencia democrática (Barba, 2009).
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4. Discusión
La autoridad en el aula constituye un pilar esencial para orientar el aprendizaje, promover la
convivencia y establecer límites claros en el comportamiento estudiantil. En este sentido, Zuñe et al.
(2021) destacan que las normas escolares son necesarias para mantener un entorno ordenado, pero no
deben ejercer una función coercitiva sobre la libertad del estudiante; su finalidad principal es generar
condiciones favorables para la enseñanza y el aprendizaje efectivos. En este marco, la autoridad recae
principalmente en el docente, quien tiene la responsabilidad de guiar, dirigir y facilitar la participación
estudiantil dentro de un entorno de respeto y disciplina pedagógica.
En coherencia con lo anterior, la indisciplina en el aula se presenta como un obstáculo recurrente
que afecta el proceso de enseñanza y, en muchos casos, ha contribuido a la desmotivación e incluso a
la renuncia docente. Frente a comportamientos disruptivos y situaciones de violencia escolar, se
recomienda fortalecer las relaciones socioemocionales entre docentes y estudiantes, incorporando
habilidades socioemocionales en la práctica pedagógica (Maldonado et al., 2023). Comprender a los
estudiantes como sujetos con dimensiones emocionales y sociales permite orientar el proceso de
enseñanza-aprendizaje de manera más efectiva, promoviendo valores y fomentando una convivencia
escolar saludable.
De esta manera, la disciplina se configura como un elemento central para la convivencia en las
instituciones educativas. Sin embargo, su aplicación no debe traducirse en castigos, abuso de
autoridad ni prácticas humillantes hacia los estudiantes. La disciplina eficaz se fundamenta en el
ejemplo, la coherencia pedagógica, el desarrollo del pensamiento crítico y el respeto mutuo,
posicionando al docente como guía y referente formativo. Valle-Barbosa et al. (2014) señalan que, en
muchas instituciones, los reglamentos internos carecen de precisión en la definición de medidas
disciplinarias frente a las faltas estudiantiles, lo que puede generar la adopción de decisiones
discrecionales por parte del docente. Por ello, es fundamental que prevalezcan los marcos
normativos nacionales, garantizando que la disciplina se ejerza con legalidad, coherencia y respeto
a los derechos estudiantiles.
Asimismo, la regulación de conductas específicas, como el uso del uniforme escolar, evidencia la
necesidad de equilibrar normas institucionales y libertad individual. El cumplimiento de estas normas
contribuye al orden institucional; sin embargo, su aplicación debe ser proporcional y pedagógicamente
justificada. En este sentido, Solís (2024) enfatiza que la regulación del uniforme escolar requiere un
análisis crítico que promueva la igualdad, la disciplina y el sentido de pertenencia, sin restringir la
expresión personal ni la construcción de la identidad del estudiante, garantizando un equilibrio entre
el orden institucional y los derechos fundamentales.
Por otro lado, la efectividad de la disciplina no depende únicamente de la acción docente o
institucional, sino también del acompañamiento familiar. Caligiore e Ison (2018) señalan que la familia
constituye el primer espacio de socialización, donde se desarrollan competencias cognitivas, afectivas
y sociales esenciales para la adaptación del niño a diferentes contextos. Este apoyo familiar favorece la
internalización de normas y valores, fortaleciendo la convivencia escolar y complementando la
autoridad docente, lo que contribuye al fortalecimiento de una cultura de disciplina coherente dentro
de la institución educativa.
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Educativa Niveles
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Vol. 3 N° 1, enero-junio 2026 (190-202)
ISSN: 3073-1119
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5. Conclusiones
La disciplina escolar ha experimentado una evolución histórica significativa, transitando desde
modelos centrados en la imposición y el castigo físico hacia enfoques orientados a la formación
integral, la internalización de normas y el respeto a los derechos fundamentales de los estudiantes.
Aunque el castigo corporal se encuentra prohibido en la mayoría de los países latinoamericanos,
persisten vacíos normativos en torno a la violencia psicológica y las prácticas de humillación, lo que
evidencia la necesidad de fortalecer los marcos regulatorios para abordar de manera integral todas las
formas de maltrato en el ámbito educativo.
El marco legal vigente en Ecuador, representado por la Ley Orgánica de Educación Intercultural y
el Código de la Niñez y Adolescencia, establece límites claros para la aplicación de la disciplina escolar,
garantizando la protección de los derechos fundamentales de los estudiantes y el respeto al debido
proceso. Estas normativas obligan a las instituciones educativas a implementar procedimientos
disciplinarios estructurados que incluyan notificación formal, derecho a la defensa, acceso a pruebas y
proporcionalidad en las sanciones, evitando arbitrariedades y medidas desproporcionadas como la
expulsión injustificada. En este sentido, la disciplina escolar debe orientarse hacia fines formativos,
más que punitivos, promoviendo la convivencia, el aprendizaje y la formación en valores como el
respeto, la responsabilidad y la cooperación.
Las estrategias para el fortalecimiento de la convivencia y la disciplina escolar incluyen la
implementación de la disciplina positiva, el fortalecimiento de la autoridad docente y la promoción del
aprendizaje dialógico. La disciplina positiva fomenta el respeto mutuo, la empatía, la autorregulación y
la motivación intrínseca, contribuyendo a la construcción de un clima escolar favorable para el desarrollo
cognitivo y socioemocional de los estudiantes. Asimismo, se reconoce la importancia del
acompañamiento familiar en la internalización de normas y valores, considerando que la familia
constituye el primer espacio de socialización donde se desarrollan competencias fundamentales para la
adaptación a diversos contextos. En este marco, la autoridad docente debe ejercerse como un liderazgo
pedagógico legítimo, racional y ético, combinando firmeza con respeto a la individualidad del
estudiante, consolidando al docente como referente formativo dentro de un entorno democrático.
Se concluye que la gestión de la disciplina escolar requiere una articulación coherente entre el marco
normativo, las prácticas institucionales y las estrategias pedagógicas. La correcta aplicación de los
reglamentos internos, el establecimiento de sanciones proporcionales, el ejercicio legítimo de la
autoridad docente y la participación activa de la familia constituyen elementos esenciales para
garantizar un entorno educativo seguro, equitativo y formativo. Este enfoque integral permite
equilibrar la autoridad con la protección de los derechos estudiantiles, asegurando que la disciplina
contribuya de manera efectiva al aprendizaje, la formación en valores y la convivencia armónica en las
instituciones educativas.
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Vol. 3 N° 1, enero-junio 2026 (190-202)
ISSN: 3073-1119
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Transparencia
Conflicto de interés
Los autores declaran que no existen conflictos de interés de naturaleza alguna como parte de la
presente investigación.
Fuente de financiamiento
Los autores financiaron completamente la investigación.
Contribución de autoría
Fredy Roberto Hidalgo Cajo: Conceptualización, metodología, validación, análisis formal,
investigación, redacción - preparación del borrador original, redacción - revisión y edición,
financiamiento, administración del proyecto, recursos, supervisión.
Anahí Carolina Muñoz León: Conceptualización, software, validación, análisis formal, investigación,
gestión de datos, visualización, redacción - preparación del borrador original, redacción - revisión y
edición, financiamiento, recursos.
John Steven Moya Navarrete: Conceptualización, metodología, software, investigación, gestión de
datos, redacción - preparación del borrador original, redacción - revisión y edición, financiamiento,
recursos.
Ammy Mishell Moyano Villavicencio: Conceptualización, análisis formal, gestión de datos, redacción
- preparación del borrador original, redacción - revisión y edición, financiamiento, recursos.
Los autores contribuyeron activamente en el análisis de los resultados, revisión y aprobación del
manuscrito final.