
Revista de Investigación
Educativa Niveles
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Vol. 3 N° 2, julio-diciembre 2026 (151-160)
ISSN: 3073-1119
Valeria Nayeli Castro Salguero
, Milton Fernando Romero Obando
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esencia del poemario, por lo que adquiere una significación diferente a lo habitual:
“O” es una circularidad a la vista de todos que, para abandonar la idea de encierro, debe abrirse en
forma de línea hasta que trace un paso hacia adelante: “R”. Entonces se dispondrá al ascenso por
una escalera de posibilidades, conceptos y suposiciones: “H”, con rumbo a lo pluridimensional. En
el trayecto habrá caídas: -, pero también pasos sólidos: +... (Ortiz, 2023, p. 9)
También se menciona una variante (L): “por medio de la imagen plástica y literaria que el autor
dedica a su pequeña hija Luciana: 'L' que sostiene o de la cual sujetarse” (Ortiz, 2023, p. 10). Para el
escritor, el principal eje de su vida y de su poemario es su hija, reflejada en el capítulo “Acariciando la
piedra y la sangre”, dedicado exclusivamente a ella.
El mito de la sangre, entendido como una narración que representa el simbolismo y que puede
incluir fuerzas sobrenaturales o divinas (Ormaza, 2009), proviene de tradiciones ancestrales. Meletis y
Konstantopoulos (2010) argumentan que “los antiguos griegos consideraban el hema (sangre)
sinónimo de vida” (p. 2). Dentro de la obra de Ortiz Moyano, el mito de la sangre adopta diferentes
posturas, entre ellas la herencia familiar: el autor teme que su hija tenga una vida igual a la suya o que
pase por los mismos errores. También explica, a manera de metáfora, que “se requiere la fusión
intuición conciencia, que entonces empieza a moverse para trazar camino y empedrarlo, con la sangre”
(Ortiz, 2023, p. 10). Esto sugiere que la sangre no es solo un líquido estudiado por la ciencia, sino un
símbolo que une, marca y construye algo más que simples experiencias.
Para abordar un discurso de este tipo se requiere una perspectiva teórica que permita comprender
la metáfora más allá de lo tradicional. En este sentido, la hermenéutica de Paul Ricoeur resulta
apropiada, especialmente su propuesta sobre la metáfora viva, desarrollada en su libro homónimo.
Para Ricoeur (1975), la metáfora es mucho más que una sustitución de palabras; es una construcción
del lenguaje capaz de producir nuevos sentidos y posibilidades de interpretación, permitiendo abordar
el discurso metafórico como un proceso semiótico que construye significado a través de la interacción
del signo y el lector. La semiótica, como disciplina que analiza los signos, símbolos y significados que
conforman el discurso poético, resulta pertinente para la interpretación de las metáforas presentes en
el poemario. Como sostiene Barthes (1990), “el signo, pues, está compuesto por un significante y un
significado” (p. 39). Desde esta perspectiva, las metáforas encontradas en el poemario no cumplen
únicamente una función estética, sino que edifican sentidos profundos relacionados con la sangre,
representando distintas experiencias humanas y sociales desde una dimensión simbólica.
Tomando en cuenta esta disciplina como una de las fundamentales para analizar símbolos como
menciona Velasco (2025), “La semiótica ofrece herramientas valiosas para el análisis de la poesía,
permitiendo explorar cómo los elementos formales, simbólicos y contextuales contribuyen a la
construcción de significado” (p. 19).
El símbolo, dentro de la hermenéutica de Ricoeur, construye una forma de significación indirecta
arraigada a la interpretación profunda de la palabra. A diferencia de la metáfora normativa, la metáfora
viva caracteriza al símbolo por su densidad de significación y su amplia interpretación en dimensiones
culturales, históricas y personales. Para Ricoeur, el símbolo ofrece material para pensar y construir un
nuevo significado mucho más extenso, vinculándose con la experiencia humana y transformando una
simple significación en algo mucho más profundo.
El concepto, desarrollado en La metáfora viva de Ricoeur (1975), propone reinterpretar la metáfora
no solo como recurso decorativo, sino como una función cognitiva capaz de generar nuevos
significados y reconfigurar el mundo a través del lenguaje. Como menciona Guzmán (2012), “yace el
potencial heurístico de la metáfora y a partir de donde se puede valorarla como inauguración de la